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Magic, Psicología y un Poco de Suerte

Hola a todos, en primer lugar, me presento. Soy Miguel Castro, empecé a jugar a Magic a nivel muy casual hace muchos años, allá por Kamigawa, dejándolo aparcado durante un largo tiempo. Sin embargo, hace cosa de tres años el regreso al plano de Ravnica llamó mi atención y volví a fijarme en los cartones, para en poco tiempo meterme de lleno en el entorno competitivo. Empecé jugando torneos allá por la salida de Gatecrash, y en pocos meses ya estaba jugando PTQs e interesándome por los torneos más competitivos que podía jugar. Desde entonces he jugado todos los grandes torneos que he podido, participando en un Pro Tour el pasado año. Aquí os traigo mi primer artículo para nuestra joven página web, esperando que sea el primero de muchos.

Ahora que todos estamos esperando ansiosamente que la nueva edición (Oath of the Gatewatch) se asiente de forma definitiva en Estándar, y el reajuste de Modern tras la sorpresa generada por la actualización de la lista de prohibidas, voy a aprovechar para hablaros de aspectos más generales de Magic. Muchos profesionales de distintas disciplinas, como la Economía o las Matemáticas, han aportado sus conocimientos al mundo de Magic, y eso es lo que trataré de hacer yo en este artículo. La parte que me toca es la Psicología, pues es lo que he estudiado y a lo que pretendo dedicarme. Otros autores han escrito ya diversos artículos tratando de aplicar algunos de los conceptos y conocimientos que esta disciplina nos ofrece como jugadores de Magic, que no son pocos.

Cuando tratamos de relacionar Magic y Psicología, lo primero que nos viene a la mente a cualquiera, especialista o no, es la comunicación no verbal, es decir, aprender a obtener información de una partida mediante la observación del oponente (actitud, gestos, nerviosismo, etc.), así como a controlar la información que transmitimos nosotros mismos. Sin embargo, hoy no vengo a hablaros sobre esto ni nada parecido. Hoy vengo a hablaros de las atribuciones causales, un concepto aportado y extensamente estudiado por la Psicología Social. Aunque no sea algo directamente aplicable al desarrollo de una partida, conocer conceptos como éste y cómo funcionan nos permitirá ir un poco más lejos en el análisis de nuestro juego y con ello llegar a ser mejores jugadores.

Bueno, comencemos. En primer lugar, es necesario definir a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de atribuciones causales. Una atribución es la búsqueda o identificación de las causas de una conducta o suceso. Es decir, cómo a partir de la observación de un suceso o conducta que llama nuestra atención, encontramos causas y explicaciones satisfactorias que justifiquen su ocurrencia. Este proceso mental responde a la necesidad psicológica de explicar, comprender y predecir la conducta social, de forma que la observación de sucesos o conductas pasadas nos permita inferir sucesos o conductas futuras. La explicación que demos a determinados sucesos nos permitirá realizar una atribución de la responsabilidad de las causas que han provocado que dicho suceso ocurra. Según situemos estas causas dentro o fuera de la persona, podremos hablar de atribuciones internas (la persona es responsable) o de atribuciones externas (la situación es responsable), respectivamente. A estas alturas, probablemente muchos os estéis preguntando ¿de qué me está hablando este tío y para qué podría servirme todo esto jugando a Magic? Pues bien, todo esto que os estoy contando es especialmente útil a la hora de explicarnos por qué hemos perdido una partida o por qué ese tío de al lado parece tener siempre la respuesta perfecta a todo.

Como puede observarse en el cuadro, las atribuciones pueden organizarse en dos dimensiones; estables-inestables e internas-externas. Estas dimensiones permiten situar las causas de un suceso o conducta según permanezcan invariables en el tiempo y según se sitúen dentro o fuera de la persona. Según otros modelos complementarios, podría añadirse una tercera dimensión, controlable-incontrolable, según esté en nuestra mano poder cambiar las causas de una conducta o suceso. En la tabla pueden observarse algunos ejemplos de dichas causas. Cabe destacar la suerte, especialmente en el ámbito que nos ocupa, ya que su situación dentro de estas dimensiones es variable. En principio, la suerte sería una causa inestable y externa a las personas, pues su variación se debe únicamente al azar (supersticiones aparte). Sin embargo, cuando hablamos de suerte y Magic no solemos situar la suerte en estas dimensiones. Por ejemplo, cuando decimos que alguien tiene mucha suerte y por eso gana torneos habitualmente, estamos situando la suerte en la dimensiones estable e interna, ya que es algo interno a dicha persona que permanece a lo largo del tiempo. Es decir, es algo propio de esa persona. De la misma forma, en un caso de superstición en el que pensamos que tendremos más suerte si nos sentamos en un lado de la mesa o si usamos un bolígrafo en particular, estaríamos situando la suerte en las dimensiones estable y externa. Sin embargo, en el fondo casi todos sabemos que la suerte es algo inestable y externo, que escapa a nuestro control, y que difícilmente podemos controlar. Volveremos sobre este asunto más adelante.

Todo este proceso de atribución, a pesar de ser subjetivo y sesgado, requiere de cierto esfuerzo cognitivo (de procesamiento mental), por lo que las personas vamos configurando esquemas causales propios de acuerdo a nuestra experiencia. Con estos esquemas causales, nos formamos unas expectativas previas sobre asociación estable entre determinadas causas y efectos, que simplifican notablemente el proceso de atribución.

Normalmente, los sucesos y conductas que vemos y tratamos de explicar pueden ser consecuencia de diversas y múltiples causas. Es necesario distinguir aquí dos grupos o bloques: causas suficientes múltiples y causas necesarias múltiples. Las primeras se refieren a causas distintas que pueden explicar un suceso o conducta por sí solas. Esto es, una sola causa por separado es suficiente. Cabe destacar en este punto un fenómeno presente conocido como principio de desestimación, por el que a menudo, ante la presencia de distintas causas, se infravalora una de ellas por haber otra alternativa (por ejemplo, infravalorar haber jugado bien por haber tenido suerte, o al revés). Por otro lado, las causas necesarias múltiples son aquellas que tienen que concurrir para explicar el suceso. Es en este último grupo en el que deberíamos situar habitualmente el éxito en Magic, ya que para ganar deberán coincidir habilidad (no solo jugando, sino construyendo, banquilleando, etc.), concentración, un buen estado de ánimo, y, por supuesto, suerte.

A pesar de la existencia de esquemas causales y de expectativas previas en atribución causal, las personas contamos con estrategias cognitivas múltiples y variadas para analizar los sucesos y conductas que nos rodean. La elección y uso de estas estrategias variará, además de según la persona, en función de objetivos, motivos y necesidades personales. Como podemos observar, todo este proceso atribucional es puramente subjetivo. Es en este punto donde encontramos los llamados sesgos atribucionales, consistentes en tendencias y distorsiones sistemáticas que afectan a la realización de atribuciones. Estos sesgos atribucionales están mediados principalmente por factores motivacionales, entre los que destacan la necesidad de control y la percepción de autoeficacia, y por algunas tendencias generales. Entre éstas las principales son las tendencias egocéntricas y las tendencias confirmatorias, que nos impulsan a confirmar nuestras hipótesis previas en lugar de plantearnos otras nuevas. De esto último, tenemos gran variedad de ejemplos en Magic; cuando pensamos que alguien roba muy bien siempre que juega un determinado mazo, o cuando decimos que alguien siempre abre bien los sobres. Debido a la tendencia a confirmar nuestras hipótesis previas, nos fijaremos y recordaremos especialmente las ocasiones en que nuestras expectativas se cumplieron, prestando menos atención o infravalorando las ocasiones en las que no se cumplieron nuestras expectativas. De esta forma, seguiremos con las mismas ideas fijas y nunca trataremos de contrastar las impresiones que nos habíamos formado previamente. Aquí también puede producirse un fenómeno psicológico conocido como profecía autocumplida, un concepto ampliamente desarrollado y en el que no entraré en profundidad en este artículo, pero os invito a informaros al respecto si os interesa este tema.

 

Alter Reality ©2016 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countires. Illustration by Justin Sweet.

 

De entre todos los sesgos atribucionales que tiñen nuestra percepción de la realidad, el que más nos interesa de cara a nuestro juego es el efecto actor-observador. Este sesgo afecta a nuestras atribuciones causales discriminando entre uno mismo y los demás a la hora de situar las causas de los sucesos en la dimensión interna-externa. De acuerdo con este sesgo, tenderemos a realizar en mayor medida atribuciones externas para las conductas de otros, mientras que para las conductas propias preferiremos las atribuciones internas (y más estables). Esto es predominante en las conductas o sucesos de fracaso o negativas, de forma que cuando no tengamos éxito en lo que nos habíamos propuesto culpemos a factores externos como la suerte, mientras que si son otros los que fracasan les responsabilicemos en mayor medida de lo ocurrido.

Por encima de todos los esquemas y sesgos mencionados, se sitúan los estilos atribucionales, formas habituales de explicar los resultados según las atribuciones causales que realizamos. El estilo atribucional predominante, y el que más nos interesa aquí, es el estilo atribucional egótico o protector del yo, por el que se tiende a realizar en mayor medida atribuciones internas para los buenos resultados y atribuciones externas para los malos resultados. El ejemplo típico de este fenómeno es la forma en la que decimos “me han suspendido” (ha sido el profesor, no yo), y “he aprobado” (yo solito y sin ayuda de nadie). Todo esto no responde a criterios arbitrarios o a que estas personas se crean superiores a todo el mundo, sino a unas necesidades y funciones determinadas, siendo en este caso, principalmente; mantener o mejorar la autoestima, buscar aprobación social, y obtener una percepción de control y autoeficacia.

Debido a todo lo expuesto, y de cara a aplicar todo esto a nuestro juego de cartas favorito, parece que nos encontramos con una difícil tarea a la hora de explicar a qué se debe que no ganemos todo lo que nos gustaría. Cuando perdemos una partida, es muy fácil y muy cómodo decirnos a nosotros mismos o a los demás (y en muchas ocasiones al oponente) que ha sido la mala suerte y que no estaba en nuestra mano ganar esa partida. Sin embargo, si nos limitamos a hacer esto, probablemente obstaculizaremos nuestro progreso y nuestra mejora como jugadores. Por supuesto, esto no quiere decir que la mala suerte (o la buena suerte del oponente) no nos haga perder partidas, ya que la suerte tiene un peso importante en este juego. Es aquí donde encontramos la gran dificultad mencionada antes, valorar si hemos perdido por suerte o por factores internos (habilidad, concentración, cansancio, etc.). Para responder a este interrogante cuando se nos plantee esta situación, debemos reformular la pregunta, de forma que la respuesta obtenida pueda sernos de provecho para mejorar como jugadores. En mi opinión, como jugador competitivo y como psicólogo, la pregunta correcta ante una derrota es “¿he hecho todo lo que estaba en mi mano para ganar la partida?” Efectivamente, puede ocurrir que nuestro oponente haya tenido mucha suerte y haya robado justamente la carta que necesitaba, pero también es posible que nosotros hayamos podido contemplar la posibilidad de que eso ocurriese y hacer una jugada diferente en previsión. Por tanto, en este caso, en lugar de lamentarnos demasiado por la buena suerte de nuestro rival, deberíamos tratar de corregir nuestros errores de cara al futuro. Del mismo modo, en muchas ocasiones, un amigo u otra persona nos viene al terminar una partida y empieza a corregirnos ciertas jugadas que hemos hecho, y a menudo tratamos de excusarnos quitándole importancia a esos errores en comparación con la increíble suerte de nuestro rival. No pasa nada por cometer errores, todos lo hacemos en mayor o menor medida, y detectar y corregir estos errores forman parte del proceso de aprendizaje y de mejorar como jugadores.

Por el contrario, en otras situaciones puede ocurrir que, a pesar de haber tomado todas las decisiones correctas durante la partida, perdamos, ya sea por suerte o por otros factores, como el emparejamiento contra el mazo rival. En este último ejemplo, cabría preguntarse si nuestra elección de mazo para el torneo fue la correcta, ya que es algo que está en nuestra mano cambiar, y así mejorar nuestra capacidad para anticiparnos a los movimientos del metajuego y elegir y construir el mazo adecuado.

 

Control Magic ©2016 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countires. Illustration by Dameon Willich.

 

Podría darse el caso de que, a pesar de haber jugado un mazo adecuado y haber tomado las decisiones correctas, terminemos perdiendo. Al fin y al cabo, en Magic el azar tiene un peso importante, pero eso es parte de lo que nos gusta de este juego, de otra forma nos dedicaríamos al ajedrez o algún otro juego en el que el 100% fuese habilidad. Cuando esto ocurra, aparte de  tratar de mejorar pequeños detalles, que casi siempre es posible, no debemos obsesionarnos con la mala suerte que hemos tenido, porque, ¿estaba en mi mano ganar la partida? No tenemos posibilidad de influir sobre la suerte, así que no deberíamos invertir ningún esfuerzo en aquello que somos incapaces de cambiar y que escapa a nuestro control, pudiendo canalizar ese esfuerzo hacia aquello que sí está en nuestra mano cambiar.

Para terminar, nada más que insistir en lo ya dicho, a modo de resumen: tratad de analizar fría y razonadamente vuestras partidas, procurad evitar usar la suerte como excusa de aquello que podríais haber cambiado, sin miedo a admitir los errores y todo lo que aún nos queda a todos por aprender, seamos jugadores experimentados o novatos, y concentrad todos vuestros esfuerzos en cambiar aquello que está en nuestras manos.

Un placer ofreceros una pincelada de una de las aportaciones que la Psicología puede ofrecernos a los jugadores de Magic y espero que todo esto que os he contado os sea de utilidad. Nos vemos en el próximo artículo.

 

Miguel Castro

@MiguelCastroGG

 

 

Etiquetas: Miguel Castro, Psicología