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Magic Stories - Las Crónicas de Bolas: Puntos de Vista

¡Hola a todos un jueves más! Soy NasanMagic y hoy os traigo la penúltima Magic Story de este ciclo de M19, y la cosa se ha puesto muy interesante. En la última historia (que podéis leer aquí) tras dejar atrás a su hermana Baishya que había caído en un profundo sueño de visiones, Naiva se encontró con la que parecía ser una mujer embarazada, para luego descubrir con pavor que se trataba del mismísimo Nicol Bolas. Y así comienza nuestra historia de hoy.

 

Naiva está aterrorizada. La figura del dragón ocupa casi todo el cielo, observándola de manera burlona desde lo alto.

“No puedes desafiarme, y mucho menos vencerme, pero con mi ayuda podrías gobernar este mundo para hacer con él lo que quisieras. Sólo debes contarme donde está Ugin, y qué hacen aquí estos Edros.” 

Con la garganta totalmente seca, Naiva consigue articular unas palabras: “¿Por qué odias a Ugin? Es tu gemelo.”

Un halo de ira envuelve al dragón, que niega que Ugin sea su gemelo y asegura que son historias inventadas por Ugin para compartir la gloria de su triunfo.

 

Naiva de repente se da cuenta de que Nicol Bolas no sabe que Ugin yace en el interior de los Edros, por lo que no puede ver que su hermana que yace indefensa también dentro de uno de ellos. Eso le da coraje para seguir contestando. Tiene que distraer a Nicol como sea para que no encuentre ni a su hermana ni a Yasova.

 

Nicol Bolas, the Arisen ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Svetlin Velinov

“¿Eres Nicol verdad? He oído hablar de ti. Lo sé todo sobre ti. Mientes al decir que Ugin no es tu gemelo. Nacisteis y crecisteis juntos, ¿no es cierto?”

“Por supuesto que no lo es, ¿quién te ha contado eso? ¿Ha sido Ugin, verdad?”

“Si no sois gemelos, ¿qué es lo que sois?”

Había conseguido lo que quería, pues el dragón está ahora respirando hondo y dando vueltas en círculos alrededor de ella, comienza a contar su versión de los hechos con voz potente.

 

Esta es la verdad, no aquello que te han contado enmascarando la realidad.

Yo caí primero. Ugin te habrá dicho lo contrario en su afán de embarrar las aguas y contar verdades a medias en vez de la realidad. Te habrá dicho que nacimos y caímos juntos. Que volamos y respiramos al mismo tiempo.

Yo volé primero.

Yo respiré primero.

Observé la magnificencia del sol y el esplendor de los cielos en esos primeros instantes. Luego reconocí a la criatura encogida que caía a mi lado, y mi instinto fue el de ayudarla. Le desperté. Sus alas no eran tan poderosas como las mías, y tuve que enseñarle a volar como sólo los dragones saben.

Descubrimos que teníamos parientes, había 6 de los nuestros.

 

Ante la interrupción de Naiva explicando que había 8 pero dos murieron en la caída, el dragón se enfurece. Quizá sí que era posible distraerle igual que la Abuela había hecho con Atarka con la promesa de comida durante todos estos años, para salvar a su gente.

Nicol continúa con su historia, contando cómo aterrizó el primero en la tierra que les había visto nacer a todos y cómo le dio su nombre, Dominaria.

 

Las facciones inestables de humanos debían ser domesticadas para poder vivir en paz. Mi excepcional éxito causó envidias entre mis parientes, por supuesto. Aunque su resentimiento no fue un problema para alguien de mi talento y sabiduría.

Pero no todo fueron triunfos durante ese tiempo. Por desgracia, Ugin no resultó estar a la altura del desafío. Rogaba estar a mi lado, pero en realidad no tenía suficientes agallas para cumplir con nuestra tarea.

Había unos humanos particularmente estúpidos que se habían encontrado con un dragón moribundo y reclamaban que lo habían matado ellos. Una falsa sensación de victoria les hacía envalentonarse como si fueran merecedores de la gloria. Era obvio que debían ser erradicados, pero Ugin no tenía el valor suficiente para hacerlo. Se alejó herido por sus armas envenenadas, viendo como yo arriesgaba mi vida para vengar la muerte de nuestra hermana. Incluso él mismo te lo reconocerá. Siempre ponía excusas y se quejaba, cómo si hubiera otra manera de tomar el control de la situación, ya que podría haber amenazado a todos los dragones de Dominaria si lo hubieramos dejado estar.

Me criticaba por mis métodos, ¡como si hubiera otra manera de acabar con esa amenaza! Aún así le escuché pacientemente, y entre sus quejas también había algunas sabias palabras, pues no quería nada más que una existencia armoniosa para todas las criaturas sapientes de Dominaria. Intenté explicarle que todo iba a funcionar, pero estaba asustado.

Y así fue como desapareció. Se desvaneció, en un parpadeo había desaparecido. ¡Qué dolor más profundo sentí en aquel momento! Pasó tan rápido que de verdad pensé que había sido mi culpa, que había subestimado los poderes de los hechiceros humanos, pues para mí era imposible pensar que mi querido Ugin era un cobarde. La única explicación posible era que un poderoso hechizo le había fulminado delante de mis ojos.

Doublecast ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Even Amundsen

Por supuesto busqué a cada hechicero de la zona, y les persuadí para que me entregaran sus secretos. Maté a los que se negaron, y aquellos que cooperaban eran asesinados también tras aprender sus capacidades, pues ya no podría confiar en ellos. Después creé mis propias academias para entrenar a aquellos con el poder de la magia, para que pudieran servir a un bien mayor.

Mis hermanos me envidiaban, e iniciaron guerras contra mí. Duraron mucho tiempo, y cuando había conseguido que los ejércitos de Arcades se retiraran, Ugin volvió. Apareció en mitad de nuestra batalla final, separando ambos ejércitos.

No podía creer lo que estaba viendo, tenía que ser un hechizo, Ugin estaba muerto. Intenté atacar la imagen de mi hermano, pero era él de verdad.

Ugin empezó a echarme en cara mi manera de llevar a cabo su visión de paz y armonía. Pero esta vez iba a impresionarlo y tendría que admitir que yo llevaba razón.

Le enseñé todo lo que había conseguido, actuando de guía en Dominaria. Le enseñé su belleza y su esplendor, su poder y su gloria, pues él siempre había estado en los alrededores de nuestra montaña donde nacimos, sin atreverse a ir más allá.

Cuando se cansó de volar volvimos a la montaña, pues había mandado construir un templo en su cima con dos cuernos coronándolo, en honor a la supremacía de los dragones. Creía que estaría contento, cómo yo lo estaba de que volviera a mi lado, pero estaba lleno de envidia, tal y como descubriría pronto.

Le pregunté si sospechaba lo vasto que era el mundo, y le conté que había viajado a cada rincón del plano, y que no quedaba nada más por ser explorado. Al oírme comenzó a burlarse de mí, preguntándome si de verdad pensaba que este mísero plano significaba lo más mínimo frente a la inmensidad del universo.

Ese comentario me hizo mucho daño. Quería echarle en cara el haber estado escondido en un santuario para cobardes, pero me paré en seco, para no herir más su atribulado corazón.

“¿Has vuelto sólo para insultarme? Creía que nuestra amistad era más grande que esto. Ahora querrás compartir mi triunfo, como siempre has hecho.”

“No quiero tus triunfos, pues poseo conocimientos que tú no conoces, aprendidos de una sabia mujer.” Replicó Ugin.

“Esa mujer murió hace muchas generaciones, y su sabiduría no vale más que el polvo. Sus enseñanzas eran como las burbujas, bonitas de ver, pero vacías por dentro.”

“¡Ya lo verás!” Gritó Ugin, y empezó a balbucear sobre planos y caminar por los caminos entre ellos. “Encontraré la manera de enseñártelo, así como ella me prometió primero, y entonces tendrás que pedirme perdón, y te arrepentirás de haber pensado que eras mejor que yo.”

La ventisca soplaba entre las montañas, y la nieve comenzó a caer tan fuerte que desapareció de mi campo de visión. Había aprovechado la tormenta para huir de nuevo.

Por fin se había revelado su naturaleza. Ya me había abandonado una vez, solo para volver a hacerlo de nuevo tras mostrarme la envidia que atesoraba por todo lo que yo había conseguido. Mi inteligencia y estrategias sin parangón, mi maestría de las artes mágicas que quería para él, prometidas por la anciana mujer, pero nunca obtenidas. Los miles de súbditos agradecidos que poseía y la promesa de un mundo que pronto dirigiría como una deidad amada por todos, cegados por mi majestuosidad y poder.

Draconic Disciple ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Yongjae Choi

¿Cómo osaba decir que era mejor que yo? ¿Cómo osaba rechazar mi hospitalidad? Comencé a arder por dentro, sentía sus insultos clavándose en mí como agujas en lo más profundo de mi ser. 

Solo sentía rabia.

RABIA.

Una chispa blanca y ardiente se instaló en mi pecho, con un resplandor que me dejó ciego. Una oscuridad impenetrable me nubló la vista. Caí temblando. Totalmente desorientado, hasta que con un tirón me erguí de nuevo.

Ya no me encontraba en la montaña donde habíamos nacido, sino en un mar de aguas tan tranquilas que parecía un espejo, extendiéndose sin fronteras. Al principio pensé que no era un plano sino una construcción de un ser muy poderoso, que lo había abandonado sin razón aparente.

Las burbujas flotaban pacíficamente en el cielo, bajando hasta tocar mis escamas y explotar. Con cada explosión una visión se abría ante mis ojos por un momento para volver a desvanecerse. Visiones de otras tierras, otros mundos, otros planos.

Comprendí al momento lo que sucedía: me había convertido en Planeswalker.

Había conseguido aquello sobre lo que Ugin no paraba de balbucear, la magia que quería para él. pero no había podido conseguir.

Tras el primer pasaje inesperado, fue fácil entrar y salir a través de la red de conexiones entre planos, y caminé de un mundo a otro y de ese al siguiente.

Quería compartir mi sabiduría con Ugin, aunque él nunca pudiera llegar a poseer este poder. 

Muchas generaciones después volví a Dominaria, donde las guerras entre los dragones ancianos habían terminado y solo quedaban Arcades Sabboth, Chromium Rhuell, Palladia Mors y Vaevictis Asmadi de entre los de nuestra estirpe.

Tras contarle a Arcades los hechos de la vuelta de Ugin, me replicó que él no vio nada y que debían ser imaginaciones mías, culpándome de la muerte de Ugin. Arcades creía que envidiaba a Ugin porque era más listo y más sabio que yo.

Arcades, the Strategist ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Even Amundsen

Eso era ridículo, pero luego comprendí que Arcades estaba intentando hacer que perdiera los nervios de la misma manera que lo hacía cuando era joven e inestable. Pero ahora era más grande que todo aquello. Mucho, mucho más grande. Era el primer Planeswalker, el primero y único. Reinar en Dominaria estaba muy bien para la pequeña mente de un déspota como Arcades, mientras que yo le había sobrepasado en poder y sabiduría, tanto como él lo había hecho con los patéticos, débiles y de corta vida, humanos.

Mientras observaba la ciudad desde la que reinaba Arcades, comencé a insinuar una duda en su mente: Quizá los humanoides que vivían allí no merecieran tanto. Quizá no le respetaban ni seguían sus leyes, sino que sólo pretendían hacerlo. Quizá conspiraban para alzarse por encima de él, ¿o acaso no era un tirano aunque se disfrazara de benévolo? Debería mandar espías a todos los rincones del reino para arrancar de raíz a los instigadores. Y si había barrios enteros de traidores y sospechosos, tendría que quemar por completo distritos enteros o incluso ciudades. Quemarlos. QUEMARLOS.

Con una última sonrisa me marché de Dominaria. Las dudas que había sembrado echarían raíces o se marchitarían. En cualquier caso Arcades no me causaría más problemas. Nunca caminaría entre planos. No lo tenía en su interior, solo yo poseía ese poder.

Puedes imaginar mi estupor y mi alegría cuando tras salir de las eternidades  al lugar al que había llamado el Plano de la Meditación, ¡me encontré nada menos que a Ugin allí!

“Ugin, ¿cómo es que estás aquí? Me alegro tanto de verte, Hermano, pues pensaba que te había perdido para siempre.”

Pero él no tenía palabras para mí. Solo animosidad contra mí, guiada por su odio su envidia y su resentimiento, por su miedo a que yo revelara la verdad sobre las cosas que no quería que se supieran, su miedo a que me creyeran a mí antes que a él.

Me atacó sin dudarlo, lleno de furia y un resentimiento maligno. No tuve más remedio que defenderme, primero sobre las aguas del Plano de Meditación, y luego sobre planos de todo tipo. Peleamos durante días, años, generaciones. Con uñas y dientes y con magia. Él sólo quería mi muerte por el crimen de haber caminado entre los planos antes que él. Le consumía por dentro la envidia de aquello que no había compartido con él.

Al final volvimos al Plano de la Meditación, y sin más remedio y por pura autodefensa, tuve que matarlo.

Con un estruendoso golpe, cayó en las aguas. Su impactó resonó como un trueno. Monstruosas olas crecieron en todas direcciones, rompiendo contra las islas y destrozándolas. Las olas continuaron avanzando, llegando a la red de conexiones que unía los planos e incluso hasta las eternidades invisibles. Las olas se salían del Plano de la Meditación por la la muerte de Ugin, haciéndole caer cómo si fuera un peso muerto en un bol de cerámica, y eso hubiera hecho que se agrietara el bol en sí mismo.

La violencia de las olas me expulsó del Plano de la Meditación, y tras cruzar cientos de planos acabé cayendo en Dominaria en la isla de Madara, en un tiempo en el que la memoria de las Guerras de los Dragones Ancianos no eran más que una leyenda. Tardé en recobrar mi poder, pero pude conseguirlo.

Por supuesto, pequeña Naiva, debes de estar interesada en el largo camino de mi fascinante vida, y yo te la contaría con gusto ahora que te he hecho entrar en razón frente a las mentiras de la versión de Ugin. Pero sé que crees que me estás distrayendo de mi cometido aquí.

 (...)

Su cuerpo tapaba el cielo, sólo dejándole ver sus ojos y sus cuernos curvados alrededor una gema que giraba sobre su propio eje.

Nicol tenía todo el tiempo del mundo, pero el de Naiva se estaba agotando. Quería saber dónde estaba Ugin.

“Ugin está muerto,” replicó ella.

“Eso creía yo también cuando le maté en el Plano de la Meditación. Me fui creyendo que estaba muerto. Ese fue mi error. Porque de algún modo, no lo estaba. Me ha estado persiguiendo desde entonces, más recientemente con un plan para atraparme en Ixalan mediante el uso de un artefacto mágico.”

“Ixalan no te sonará porque es el nombre de otro plano. Un plano que no verás en tu insignificante y corta vida.”

Highland Lake ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Noah Bradley

Sacando valor de su interior, Naiva fue capaz de replicarle. “Ugin está muerto. Sus huesos yacen aquí, dentro de los Edros.”

 “Su cuerpo al caer creó este cañón. Supongo que es posible que sus huesos de verdad reposen aquí.”

“¿No puedes ver los huesos?”

“No me cuestiones. Es una lástima que el resto te considere prescindible, ¿no crees?”

“¡Pero si dependen de mí!”

“No puedes ser tan ingenua, pequeña. Tu abuela solo te tolera porque le resultas útil para proteger a la nieta de la que realmente se preocupa, la que ha heredado sus poderes chamánicos. Tu no tienes magia, ¿a que no?”

“¡Soy una cazadora!”

“Sí, lo eres. Todo el mundo lo es. Pero tu hermana es una chamana. No hay nada pero que descubrir que alguien a quien amas ha recibido un regalo que a ti te ha sido negado. Que debes admirarla y protegerla cuando la que es valiosa eres tú, pues serás la que alimente a la tribu. Tu eres la que les va a liderar, pero te mantienen detrás y no te dan las responsabilidades que te has ganado como cazadora con tu talento. Simplemente no es justo. Si te libraras de ella, podrías convertirte en la gran cazadora y líder que mereces ser. Y yo puedo ayudarte a conseguirlo, Naiva.”

Sus palabras entraron en su corazón. Un viejo resentimiento se encendió. Todas las quejas que había acumulado en su interior durante estos años volvían a su mente. Pero no podía confiar en él. Se agarró a esa sensación. “¿Cómo podrías ayudarme? ¿Y por qué lo harías?”

“Porque si no te ayudo, me vería forzado a destruir Tarkir. ¿No sería una lástima? Sobre todo siendo la única que puede prevenir su destrucción.”

“¿Por qué destruirías Tarkir?” Susurró horrorizada, temblando.

“Porque él ama Tarkir. Pero sobretodo para asegurarme de que no renazca aquí. Pero no temas, Naiva. No quiero aniquilar este plano porque prefiero ayudarte. Juntos eliminaremos a todos tus enemigos, a todos los demás dragones y al resto de tribus. Podrás cazar por todo el vasto mundo sin que nadie se interponga en tu camino. Te daré todo lo que hayas podido soñar, porque tengo el poder para hacerlo, y pondré ese poder a tu disposición. Sólo tienes que traerme a Yasova. Ahora.”

Sus palabras calaron en lo más hondo del corazón de Naiva. ¿Por qué debería renunciar a todo aquello a lo que quería solo para proteger a su hermana? Las buenas maneras nunca habían caracterizado a Naiva. Sólo habían sido obstáculos en su camino.

“Ella está aquí. Justo aquí. Escondiéndose.”

“Tráela ante mí, y recibirás tu recompensa.”

No había un futuro para ella si seguía aferrándose al pasado. Tenía razón cuando le había dicho a Tae Jin que el pasado era un cadáver que debería ser consumido por los buitres.

Atarka's Command ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Chris Rahn

De repente se puso a pensar en el joven guerrero del fuego fantasmal, en su coraje y su sacrificio. Un estremecimiento pasó a través de ella abriendo una brecha en su razón. ¿Qué diría Tae Jin cuando descubriera que había entregado a la gran Yasova Dragonclaw a Nicol Bolas?

“Pequeña Naiva, no debes creer que quiero hacerle daño a Yasova. Quiero ayudar. Eso es todo. Ahora vete.” Una presión insoportable se apoderó de su cabeza hasta hacerla creer que iba a estallar. “AHORA.”

De rodillas, empujó el fragmento de edro roto y se deslizó hacia su interior. Allí yacía Baishya, como si estuviera dormida, respirando pausadamente. La Abuela estaba sentada meditando mientras sujetaba la mano derecha de Baishya entre sus dedos de manera cariñosa. El gesto consumió de envidia el corazón de Naiva. La Abuela prefería a Baishya. Siempre la había amado más de lo que amaba a Naiva.

Debía transportar el cuerpo de la Abuela fuera. Pero eso podría esperar. Y sacando el cuchillo de su vaina, apretó la hoja contra el cuello descubierto de Baishya.

 

¡Esto es todo por hoy! Nos vemos la semana que viene con el desenlace de la historia, ¡muchas gracias por llegar hasta aquí!

Nos leemos en los comentarios y por las redes sociales. ¡Hasta la próxima!

 

Nacho Sandoval

@NasanMagic

Etiquetas: Nicol Bolas, Magic Stories, Las Crónicas de Bolas, Lore