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Magic Stories - Las Crónicas de Bolas: El Presente No Escrito

¡Hola a todos de nuevo!, al habla Nasanmagic para traeros el desenlace de las Crónicas de Nicol Bolas. ¡Por fin! Para mí ha sido una experiencia muy especial, el poder seguir tan de cerca estas historias y acercárosla a todos vosotros, y hemos realizado un grandísimo esfuerzo para conseguirlo (digo hemos porque sin mis compañeros no habría sido posible). Sin más dilación y sin más preámbulos os dejamos con el último capítulo de Las Crónicas de Nicol Bolas: El Presente No Escrito.

En el anterior capítulo el astuto Nicol Bolas había conseguido penetrar en el corazón de Naiva, poniéndola en contra de su propia familia al prometerle poder y gloria. Con su cuchillo de caza entre los dedos se disponía a degollar a su hermana gemela, Baishya, que estaba bajo el influjo de la visión de Ugin, con Yasova a su lado.

La envidia corroía a Naiva, pues se le había negado la magia que sí poseía su hermana. Ya no tendría que volver a protegerla, y no sería un obstáculo para ella si estaba muerta. Cuando ya estaba dispuesta a terminar con su vida, la esencia del Dragón Espíritu la golpeó para romper el vínculo que la unía con la cruel voz que infectaba sus pensamientos. ¿Por qué sostenía un filo contra el cuello de su hermana?

En ese momento de duda una mano fuerte la agarra quitándole el cuchillo de las manos, y se encuentra cara a cara con la Abuela, plenamente consciente y alerta. 

Tras examinar a Naiva, se da cuenta de que está bajo el influjo de Nicol Bolas, que ha regresado tras haber acabado con la vida de Ugin muchos años atrás. Consigue tranquilizarla y convencerla de que ha sido el poder del dragón la razón de su ataque, pero Naiva sigue sin entender como es posible que Ugin les haya invocado hasta ese lugar, estando muerto.

Yasova le explica que Ugin está muerto, y por lo tanto no puede hablar de la manera ordinaria, ni siquiera a través de la Mente Susurrante, una técnica que les enseñó a los ancestros el propio Ugin mucho tiempo atrás. A cada tribu le enseñó distintos secretos, para que ninguno de ellos tuviera más poder que los demás, como había hecho con los Jeskai al enseñarles la técnica del Ghostfire.

Mientras tanto Baishya sigue sumida en un profundo sueño compartiendo las visiones de Ugin, que pese a estar muerto es capaz de transmitir su esencia a través de los edros. Si los edros son destruidos, la esencia de Ugin dejaría el mundo y con ella morirían todos sus habitantes y hasta los mismísimos dragones.

Naiva tiene que volver a coger la mano de su hermana Baishya, y tratar de descubrir lo que Ugin quiere decirles. Tras sonreír a su hermana, su gemela, el espejo en el que se ha mirado toda su vida, coge la mano de su hermana y el mundo se desvanece para entrar de nuevo en la mente dormida de Ugin.

 

El paisaje se extiende hasta el horizonte en una fina lámina plateada de aguas inmóviles, como si fuera un espejo. Aquí y allá, se alzan islas en peñones rocosos como agujas sobre el mar, cada una creando un lugar perfecto para la meditación.

No hay un viento que perturbe el ambiente, sin embargo, esferas translúcidas y resplandecientes flotan como burbujas atrapadas en una brisa invisible propia.

Una de esas esferas se aproxima, y está cada vez más cerca de la sombra de la chica dormida sobre las aguas. Cuando la frágil superficie toca el borde de su forma brumosa, estalla. La delgada y líquida esfera vierte entonces pensamientos en lo más recóndito de su mente. 


Un dragón se cierne sobre las tranquilas aguas, observando su reflejo, un espejo que parece mirarle de vuelta. El reflejo es tan perfecto en cada detalle que puede que el dragón original sea el que se encuentra al otro lado del espejo, y que el dragón que sobrevuela las aguas tan solo sea su reflejo, perfecto en cada detalle. 

A pesar de que este lugar ha sido precisamente creado para la meditación, a pesar de que ha descansado aquí durante largos períodos de tiempo para contemplar el misterio y la eternidad, Ugin no puede ordenar sus atribulados pensamientos en este momento. Había estado tan seguro de que Nicol habría estado encantado de verle, de que habría querido que le contase todos y cada uno de los detalles de sus fascinantes viajes entre planos. Pero no había juzgado la situación de manera correcta. O quizás simplemente no se había juzgado bien a sí mismo.

Nunca debería haber abandonado la montaña que le había visto nacer, sin embargo, de Dominaria no se había ido a propósito. Aquella chispa se había encendido cogiéndole por sorpresa. Le había arrastrado como a un pez fuera del agua, del único hogar que conocía, para ser arrojado a unas costas desconocidas. Ni siquiera comprendía lo que le acababa de suceder hasta que llegó a Tarkir, y el sentido de pertenencia a un lugar y la conexión que había sentido por Tarkir le habían tenido ocupado demasiado tiempo.

Seek the Horizon ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Min Yum

¿Había sido él el culpable? ¿O quizá fuera únicamente el desarrollo natural de los acontecimientos? A lo mejor si se hubiera quedado, las cosas habrían sucedido de la misma manera. Nicol había sucumbido a lo peor de sí mismo, y ahora pretendía infligir su ira y poder sobre todo Dominaria.

El remordimiento por lo que Dominaria sufriría con los dragones yendo a la guerra contrastaba con el alivio que sentía al saber que Nicol estaría encerrado en ese plano. Incapaz de caminar entre ellos, nunca sería capaz de imponer su terrible visión de la justicia y la ley en el resto de planos. Eso era algo, al menos.


Una luz brillante, como la salida de un segundo sol, se esparce sobre las calmadas aguas. Un rugido de ira desgarra el tranquilo silencio. 

Un cuerpo enorme cae como una piedra lanzada desde el cielo. Justo antes de chocar contra el agua, Nicol Bolas extiende sus alas y se alza en el firmamento. Brilla tanto como luce el sol, y su color es la ira.

Con un rugido al viento y una llamarada de fuego ardiente, se tira contra su hermano de manera asesina. Ugin le mira, desconcertado por lo abrupto de su ataque, pensando inicialmente que pudiera ser una muestra excesiva de júbilo. Solo cuando las punzantes chispas de la llamarada de Nicol bañan su cabeza, achicharrando sus ojos, se hace a un lado. Su ala derecha roza la superficie del agua, abriendo una herida en su propio reflejo. Consigue ponerse derecho, se eleva, y huye hacia el archipiélago de islotes. Nicol le persigue. Su furia le infunde una fuerza y velocidad que Ugin, cansado y afligido, no tiene.

El fuego abrasa las garras traseras de Ugin. Un baño de magia cáustica, como una nube de veneno, insensibiliza sus cuartos traseros. Ugin se intenta escabullir por entre los islotes. Ha explorado esta zona bastante, y ha meditado en ciertas ocasiones sobre estos afloramientos rocosos bajo el cielo plateado y sus plácidas lunas. Sabe por dónde girar y dar la vuelta, dejando que Nicol intente alcanzarle sin éxito con sus llamaradas de fuego, envuelto en ira mientras da vueltas torpemente sobre el terreno. 

Pero Nicol se da cuenta del juego rápidamente. Cambia su estrategia, ascendiendo, de manera que puede localizar a Ugin desde arriba, sin más obstáculos en su camino.

El grito de Ugin produce una serie de olas sobre las aguas, como si se tratase de un viento huracanado. "¡Nicol! ¿Qué pretendes atacándome?"

"Te guardaste el conocimiento sobre los planos para ti mismo. Me mentiste. Te burlaste de mi con una visión del tesoro que habías descubierto, y después, me abandonaste malvadamente."

"Volví a por ti..."

"Nunca volviste a por mí. Volviste solo para reírte de mí, porque no podías ser feliz a menos que estuvieras seguro de que sufriría eternamente sabiendo que tú habías obtenido un don que yo jamás podría tener."

"Eso no es verdad. No lo sabía..."

"Por supuesto que lo sabías."

Nicol se lanza sobre el agua, sacando las garras. Ugin le esquiva y eleva una densa niebla para ocultar sus movimientos. Nicol abre un surco a través del agua, dando lugar a la formación de unas olas que se propagan hacia el exterior, y que después, lentamente, se paran. Mientras tanto, Ugin decide qué hacer.

Con el batido de sus alas Nicol se vuelve a elevar. Empieza a dar vueltas alrededor de él al tiempo que la niebla comienza a disiparse poco a poco. "¡Ugin! No seas cobarde y admite tu traición. Obtendré mi venganza de una manera u otra." 

Nicol Bolas, the Ravager ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Svetlin Velinov

 

Ugin había viajado por todo el Multiverso y había aprendido la magia del descubrimiento, de la investigación, del discernimiento e incluso de la defensa, pero no había dedicado ni un segundo a la magia del ataque y el asalto. Siempre iba a preferir hablar que luchar, construir que destruir. Sólo un truco podía salvarle ahora.

 

"¿Cómo conseguiste la chispa?" Preguntó Ugin para tratar de entender en lo que se había convertido su hermano.

"¿La chispa que tú me negaste y escondiste? Ahora la chispa es mía y no la compartiré contigo. No compartiré mis planes con aquel que me traicionó."

 

Ugin trataba de hacerle ver que no era su enemigo, pero era imposible hacerle entrar en razón. Tomó el único camino que le quedaba, aunque significara ser un cobarde y alguien débil para Nicol. Se desvaneció de la Realidad de la Meditación para aparecer en la tormentosa Zendikar, y poder urdir un plan mientras tomaba un poco de aire. Pero Nicol le seguía pisando los talones, y a cualquier plano al que intentara huir, Nicol seguía sus pasos en un destello dorado acercándose cada vez más a su presa. Podía volver a su amado Tarkir para intentar recuperarse, pero Nicol lo descubriría y sería vulnerable a su ira. Prefería morir que ver Tarkir destruido.

Mientras estos pensamientos recorrían su cabeza, se acordó de la Realidad de la Meditación. No sabía muy bien lo que era, y todavía se trataba de un misterio para él.

 

Las sabias palabras de Te Ju Ki le golpearon cual cálida brisa, con un perfume capaz de calmar los violentos latidos de sus corazones.

"¿No te asusta la muerte?" Le preguntó. Y ella le contestó:

"Mi esencia seguirá existiendo en distintas formas. Todas las cosas terminan. A veces eso no es lo mismo que morir."

Él sabe lo que debe hacer. Nicol nunca dejará de perseguirle, a menos que crea que su gemelo está muerto.

Cambia de plano a la Realidad de la Meditación, donde espera, flotando encima de las aguas tranquilas, o puede que sea su reflejo el que flota mirándole por encima del hombro. Está exhausto, pero alentado por una nueva fuerza, una seguridad de que va a rechazar aquello en lo que Nicol se ha convertido.

En un estallido de luz, Nicol aparece en lo alto del brillante cielo. Desciende en picado, envuelto en garras y dientes. En un destello de comprensión, Ugin vislumbra cómo la malicia corroe todo el ser de su gemelo. Puede que solo hubiera una pequeña semilla en él, tiempo atrás; puede que la partida de Ugin permitiera que hubiese florecido. El hermano con el que nació, con el que voló, —Nicol— ha sido devorado completamente por Bolas, nombre que el mismo Nicol se dio, ya que no podía compararse con los demás. Puede que Ugin hubiera podido cambiar el resultado. Y ahora se lamenta de a lo que ha llegado todo esto.

Con un suspiro, Ugin acepta su muerte. Se deja llevar.

Bolas ruge triunfante mientras su magia forma una ardiente nube en torno a su odiado enemigo, sus garras perforan su interior latente de manera ardiente, y sus dientes rebanan la expuesta garganta de su rival.

Apex of Power ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Svetlin Velinov

Con una fuerte salpicadura, Ugin cae sobre las calmadas aguas. El impacto resuena cual trueno. Monstruosas olas surgen por el golpe y avanzan por las escarpadas islas, destruyendo el antiguo paisaje rocoso. La perturbación se extiende más allá de los límites de la Realidad de la Meditación, vertiéndose en la insondable cavidad oscura, cuya red infinita conecta los mismos planos. El mar se vacía, exponiendo la roca del fondo marino como si fueran huesos abandonados al sol.

arrastrado por la pura fuerza de impacto del cataclismo, Bolas resplandece como un sol y desaparece, catapultado al plano de su nacimiento, y cae sobre las islas de Madara.

Donde una vez la Realidad de la Meditación estuvo llena del silencio de la tranquilidad, ahora carece de ello. Se ha convertido en una tierra salvaje, árida y arruinada, toda su serenidad drenada a los intersticios de las eternidades ciegas, un abismo que nunca podrá ser llenado.

Nada se mueve porque nada queda.

Pasa un momento. Un año. Una Generacion.

Un Milenio.

O quizás no pasa el tiempo en absoluto.

Una pálida capa de líquido se desliza, salida de la nada, regresando de la oculta e intocable red de oscuridad. En un inquietante silencio, se alza implacablemente, rellenando la realidad con sus plateadas aguas. Cuando las aguas dejan de alzarse, se tornan inmóviles, y en ese calmado espejo, espera el reflejo del dragón.  

Inhala, absorbiendo las aguas. Se rizan y espuman, formando cada grieta y arruga y escama y hendidura, hasta que sus cuernos destellan y sus garras relucen y sus ojos brillan por la magia. Es de carne y hueso, ¿o de magia y espíritu? ¿Acaso importa?

El dragón flota sobre la seca cuna del mar, bajo el luminoso cielo.

Su mirada barre la fracturada realidad y su estéril y roto paisaje. Este tipo de destrucción es lo que Bolas propone, lo que Bolas quiere para aquello o aquel que le desafíe. Alguien debe plantarle cara, alguien que le conozca lo suficiente como para derrotarle. Y Bolas no es la única amenaza para el Multiverso.

 

Ugin tiene muchas cosas que hacer si de verdad quiere proteger el Multiverso. En un chasquido de llama invisible, abandona la Realidad de la Meditación.

Otra memoria surge de la superficie del agua, como una burbuja y explota sobre la cabeza de la chica, que sigue durmiendo.

En la Realidad de la Meditación el Dios Emperador observa las ruinas que se han creado tras el cataclismo producido por la muerte de Ugin, y que ahora son su tumba. Este lugar donde consiguió su mayor triunfo se convertirá en el lugar perfecto para urdir sus planes. Erige dos cuernos curvos saliendo de la superficie del agua, de manera que parece que un gigantesco dragón estuviera durmiendo debajo.

Pools of Becoming ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Jason Chan

Tras la sensación de victoria inicial aparece el descontento. No toda Dominaria está bajo su mando, y hay enemigos tan necios como para creer que pueden vencerlo. Además, muchos planos aguardan su llegada. ¿Cómo podrá demostrar su magnificencia a todos ellos? Su insaciable ambición amenaza con devorarlo todo a su paso.

 


El agua espera inmóvil, en calma pero expectante, casi consciente. Otra burbuja gira hacia la sombra de la chica dormida y estalla.


En una gran ciudad de vidrio y piedra, una criatura alada con la cara y barba de un hombre, y las elegantes zarpas de un gran felino recibe al Dragón Espíritu.

"Ugin, amigo mío, bienvenido a mi nuevo hogar. ¿Qué te ha traído hasta este plano?"

Azor, the Lawbringer ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Ryan Pancoast

"Cuando nos encontramos por última vez, discutimos sobre nuestro adversario en común. Todos los mundos correrán peligro, mientras nuestro enemigo esté libre y completo. Y por ello estoy aquí. He trazado un plan para librar al Multiverso de su influencia, pero no puedo llevarlo a cabo sin tu ayuda."

"Para capturarle y atraparle, primero debes atraerle a un lugar en concreto."

"Lo atraeré a Tarkir."

"¿No es el plano de Tarkir el hogar de tu alma? ¿No pondrá esta estrategia al propio Tarkir en peligro?"

"Y por ello él vendrá sin guardar sospecha alguna. Cree que yo jamás pondría a Tarkir en riesgo."


El agua espera inmóvil, en calma pero expectante, casi consciente. Otra burbuja gira hacia la sombra de la chica dormida y estalla.


El Dragón Espíritu se eleva en una tempestad, con un halo creciendo a su alrededor mientras los vientos rugen y estallan. Está esperando. Un destello de luz anuncia la llegada de Nicol Bolas, sus curvados cuernos ahora los adorna una gema flotando entre ellos, como si se tratara de un tercer ojo, únicamente capaz de ver aquello que carece, algo que aún no posee.

Los dos dragones ancianos se enfrentan, girando mientras la tormenta crea un embudo de viento mortal en torno a ellos. Se encuentran parejos, uno armado con brillantez y el otro con sabiduría. El Dragón Espíritu sabe que es imposible abatir a Bolas directamente. Y por ella ha trazado un elaborado plan con su aliado: su única oportunidad es atrapar a su adversario, para que jamás pueda volver a caminar los planos. Para ello, debe contener a bolas en Tarkir hasta que el artefacto mágico pueda ser activado.

Con un rugido, despierta la fuerza del alma de Tarkir. Llegan dragones desde todos los rincones del plano en respuesta a la llamada de Ugin. Pero incluso con la ventaja numérica, El Dragón Espíritu no ataca. Todo esto es una artimaña, para tentar a Bolas, para hacerle olvidar que debe actuar con cautela.

Pero incluso los planes mejor preparados pueden fallar. Bolas torna a los dragones de Tarkir en contra de su propio progenitor, y cuando su enemigo se halla debilitado por sus ataques, quiebra el cuerpo de Ugin con un golpe mortal. El Dragón Espíritu se cae en picado hasta el terreno. La fuerza de su impacto perfora un abismo en la roca que altera el paisaje. Los ecos de la destrucción resonarán durante años, generaciones y milenios a través de Multiniverso.

Victorioso, Bolas se desvanece en una explosión luminosa.


El agua espera inmóvil, en calma pero expectante, casi consciente. Otra burbuja gira hacia la sombra de la chica dormida y estalla.


En una gran ciudad de vidrio y piedra, una criatura alada con la cara y barba de un hombre, y las elegantes zarpas de un gran felino recibe al Dragón Espíritu. Es la misma memoria, repetida exactamente.

"Ugin, amigo mío."


La cazadora sabe cuando tiene a su presa. Una oscura forma desgarra la sombra de la chica que se encuentra dormida. Cinco dedos de una mano se doblan formando una garra que alcanza la sombra de la niña y la arrastra fuera de la propia visión.

 

Naiva se depierta sobresaltada. Su hermana le ha soltado la mano y la coge por los hombros.

Las dos hermanas lo han visto todo, y tras contárselo a su abuela, tienen que decidir lo que hacer. 

 

"El Dragón Espíritu no se olvidó de Tarkir. Tenemos una oportunidad de vencer a Bolas, un intento desesperado. Que así sea."

Ugin, the Spirit Dragon ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Raymond Swanland

 

Deciden que la mejor idea es que la Abuela vaya al encuentro del dragón acompañada de Baishya disfrazada de Naiva, para que el dragón crea que está bajo su influencia, mientras Naiva espera entre los edros. Quizás la arrogancia del dragón le impida ver el engaño.

Cuando ya se han ido Baishya y la Abuela, Naiva se acerca, deslizándose hacia la salida para poder espiar sin ser vista desde fuera.

 

Baishya y la Abuela aguantan en pie a la sombra del dragón. Un soplido de fuego, un batido de sus garras o una ráfaga de magia bastarían para matarlas, pero aún así no se encogen ni se postran.

Nadie que le oyera podría confundir el satisfecho murmullo en las palabras del dragón.

"Yasova Dragonclaw. Me has servido bien."

"Y tú, Nicol Bolas, has actuado exactamente como el Dragón Espíritu predijo que lo harías." La Abuela arrojó sus palabras sin duda alguna, como si de una lanza se tratase. "Te consideras un embaucador, pero es él quien te ha engañado."

La sombra ondea al mientras el dragón se agita nervioso. En un tono más agudo, le contesta: "¿Qué quieres decir?"

"Has regresado para ver si realmente estaba muerto."

Las chispas centellean por el suelo, como aviso de una lluvia mortal. "Claro que está muerto. Yo mismo le maté."

"La última vez que pensaste eso, te engañó. Y estoy aquí para decirte que te ha vuelto a engañar."

"¿Por qué mientes?" gritó el dragón. "¡Le vi desplomarse! Vi el golpe de su cuerpo contra el suelo. Tu propia abuela lo confirmó. ¿Acaso no es eso cierto, pequeña Naiva? ¡Ugin está muerto!"

Tomb of the Spirit Dragon ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Sam Burley

"Si tan seguro estás de que Ugin está muerto, ¿Por qué has regresado a Tarkir?" dijo Baishya con su tono de voz más desdeñoso, aquella que solía molestar a Naiva más allá de su propia razón. Oírla en contra de un tremendamente poderoso Planeswalker, quien podría eliminar a abuela y nieta con el más mínimo gesto de magia, le hizo apreciar el silencioso pero afilado valor de su gemela, tan dispar de su propio audaz descaro. ¿Pero quién era ahora la descarada? Naiva no, pues estaba escondida en la cavidad de un edro, mientras  las otras dos se encaraban con dragón.

Y con el mismo tono provocativo, Baishya insistió. "No puedes admitir que has vuelto para asegurarte de que esta vez está realmente muerto, tras caer su artimaña la última vez"

La sombra se desgarra, desapareciendo con el vuelo del dragón. Naiva se dejó caer sobre el suelo, estirando el cuello para poder ver el cielo y las paredes del cañón. La forma física del dragón ya no estaba a la vista, pero su magia emanaba en un crujiente alarde de rayos por encima de cuatro masivos estallidos de truenos. Una ráfaga de viento mágico cae desde lo alto, forzando a la abuela y Baishya a arrodillarse. Los edros se estremecen bajo el vendaval. Eran tan fuerte el viento que el escamado óvalo de fina roca que usaron para cubrir la entrada fue desplazado hacia un lado, y bloqueó la vista de Naiva, dejando solo un hueco de la anchura de un dedo para la entrada de aire y luz.

Tan súbitamente como apareció, la ráfaga de viento se esfumó. Una oscuridad se extendió sobre el terreno con el regreso del dragón. Aunque no podían verlo, cada fibra de su cuerpo sintió su masiva, maléfica presencia, como una garra rodeando su garganta. Ella trató de coger el aliento, pero en lugar de ello, se atragantó con un terror venenoso e incontenible. Iba a perderlas a ambas. Si echaba a correr en ese momento, podría golpearle, distraerle mientras las otras dos huyeran a la seguridad de los edros. Ella sería la valiente, la fiera cazadora, ocuparía el merecido lugar que siempre supo que seria suyo en a tribu . 

Se decidió a agacharse, preparandose para apartar el bloque de piedra a un lado y lanzarse hacia el enemigo.

En lugar de eso, se detuvo, obligándose a respirar más lentamente.

Puede que la Abuela temiese que, aun con la protección de los edros, Naiva fuera demasiado débil para confiar el ella. O puede que el temor de que su amada abuela no la valorase fuera la expresión su propia debilidad, un enemigo que solo ella podía derrotar. Tenía que confiar en la persona que la crió, la que había salvado al pueblo Temur de la ira de Atarka.

Con las manos apretadas, centró sus pensamientos. Sin importar lo duro que fuera, tenía que aceptar que su papel en la caza de aquel día no era arrojar la lanza, sino mantenerse oculta.

Mientras el gran dragón exhalaba en ira, un baño de calor punzante se arremolinó a través del fino orificio, entrando en la pequeña cámara bajo los edros. "No juegues conmigo. Puedo mataros a ambas con un simple pestañeo. Y después devastaré de manera exultante Tarkir, hasta que ni el más mínimo insecto se arrastre en su  arruinada superficie."

"Entonces hazlo de una vez en lugar de alardear," contestó la Abuela en su habitual tono brusco. "Mátanos si lo deseas, arrasa y arruina Tarkir si así lo prefieres, porque todo ello no afecta en absoluto al plan de Ugin. Siempre habrá un poder mayor a aquel que tú blandes contra el resto."

"¡Yo soy el máximo poder!" Estalló su voz, agrietando las rocas. "Como pronto verás, Yasova Dragonclaw, cuanto tu amada nieta sea la que perfore tu corazón con un cuchillo. Hazlo Naiva. ¡Yo te lo ordeno! Mátala, y te date todo aquello que ansias, dominio sobre este mundo para que se convierta en tu coto de caza personal. Tu serás la primera y única, siempre."

Las palabras del dragón entraron en el corazón de Naiva como si fueran veneno. Siente una necesidad irrefrenable de ir a por su abuela y cortarle el cuello de una vez por todas, para que nada pueda interponerse en su camino que la convertirá en líder. Sólo tiene que arrastrarse fuera de su escondrijo e ir al encuentro de los demás.

 

El dragón mientras tanto espera expectante para ver como el amor se transforma en odio, la lealtad en traición.

 

La voz de Baishya le golpea como un viento escalofriante. "Quizás no quiera cazar. Quizás nada de lo que puedas ofrecerme pueda tentarme, pues con todo lo que he oído sobre ti, veo que estas atrapado en el pasado, dándole vueltas continuamente a tu rivalidad con Ugin…"

Nicol Bolas, the Arisen ©2018 Wizards of the Coast LLC in the USA & other countries. Illustration by Svetlin Velinov

 "¡No estoy atrapado!"

"Pero estás a punto de estarlo", interrumpe la Abuela.

Mientras tanto Naiva aprienta los dientes, luchando contra el deseo irrefrenable de cargar hacia delante. Para que el plan funcione tiene que mantenerse al margen, tiene que conseguirlo.

"Te encuentras en el lugar en el que los edros concentran su fuerza mágica en un nexo de gran poder", continua la Abuela. "El Sol Inmortal apuntaba aquí, en este preciso punto de Tarkir. Te arrastrará a otro plano y allí serás atrapado para toda la eternidad. ¿Por qué crees que te hemos mantenido ocupado todo este tiempo? Para que pudiera ser activado, y así no vuelvas a caminar entre planos jamás."

Si era expulsado de Tarkir, pensaba Naiva, no podría convertirla en la primera y mejor entre los cazadores. Si pudiera pararlos, solo entonces tendría lo que siempre había deseado, lo que merecía. De nuevo apoyó su mano para impulsarse hacia fuera, lista para entrar en acción. Un pulso tranquilizador le recorre el hombro. Su vibración estabilizadora derrama una densa luz en lo más profundo de su alma.

Era un deseo egoísta lo que la estaba manipulando. Ella era mejor que eso. Sería mejor que eso. Temblando, cierra la mano en un puño y la esconde contra su propia garganta, saboreando el sabor rancio del resentimiento y la envidia.

Fuera, como si estuviera reaccionando a un movimiento invisible, la Abuela inhala con fuerza, dando aún más suspense e intriga. "Oh, ¡escucha! ¿Oyes el artefacto eh, Naiva?"

"¡Lo oigo!" Grita Baishya en el tono más forzado que había oído Naiva en su vida, ¿pero cómo iba a darse cuenta el dragón si no había sido capaz ni de diferenciar a las hermanas? "¡Justo como Ugin dijo que pasaría! ¡Mira al cielo! ¿Ves esa luz? ¡Un segundo sol entre las nubes!"

Un rugido de furia hace temblar los edros. Agitándose, las gigantescas piedras del desfiladero comienzan a desmoronarse para dejar paso a la vasta sombra que se aleja. Riscos estallan contra el suelo donde se encontraban la Abuela y Baishya. Una avalancha de roca y hielo golpea los indestructibles edros, estallando en mil fragmentos que vuelan por la apertura donde se encuentra Naiva, arañando sus mejillas. Se cubre con el manto de su hermana la cabeza para protegerse. El polvo se levanta para oscurecer la escena hasta que no le deja ver nada más allá de la oscuridad que parece engullirlo todo. Está atrapada, y aquellos a los que más quería han tenido que ser destruidos, y después de ellos, el resto de Tarkir, y ella a la par.

La luz de fuera cambia de color con un brillo dorado que la ciega momentáneamente. El aire entra por la abertura, empujando la polvareda al exterior de nuevo.

De algún modo aún no está muerta, su corazón todavía late.

Despacio, en un silencio solemne, las partículas de polvo se asientan. Sus labios están secos y agrietados, cubiertos por una capa de barro. El silencio es abrumador, como el final de toda esperanza, el arrepentimiento por la facilidad con la que el dragón la había manipulado. La Abuela tenía razón sobre su debilidad.

Pero su corazón seguía latiendo. Había resistido la magia de Bolas y había permanecido dentro del edro. Tarkir no había sido devastado ni partido.

Con cautela, consigue salir por la abertura.

 

Al salir a la superficie y observar el cielo azul, Naiva se da cuenta de que el dragón se ha desvanecido. Pero está sola.

La Abuela había salvado Tarkir, pero a costa su vida y la de su hermana Baishya.

 

Las probabilidades de morir eran parte del plan. No habría funcionado de otra manera. Le costaba respirar al pensar en vivir sin su hermana a su lado. Su corazón estaba partido en dos, pero de algún modo tenía que ponerse en marcha y encontrar a los demás. Pero aún no encontraba las fuerzas.

  

Un rumor rompe el silencio. Suena exactamente igual que un pie que se arrastra por el suelo, pero no hay nadie más que ella en el claro. Alguien tose.

Una gran roca se hace a un lado para descubrir a la Abuela y Baishya, de pie, vivas, en un pequeño espacio formado por trozos de rocas unidos. Un brillo mágico emana de los brazos extendidos de Baishya hacia fuera.

"¡Has usado tu magia para sostener las rocas!" Grita, pues es lo único que es capaz de articular. Las lágrimas corren por sus mejillas mientras abraza a su gemela.

 

El dragón no podía correr el riesgo de que no fuera un farol. Si se abalanzaba hacia ellas podría ser demasiado tarde, y de todas maneras contaba con que la avalancha que había creado al huir acabaría con sus vidas..

 

No estaban mintiendo realmente, pues había existido un acuerdo para atrapar a Bolas con el Sol Inmortal. Pero Ugin había muerto antes de poder llevar cabo el plan.

Naiva todavía no se cree que Ugin esté realmente muerto, ¿cómo se podían transmitir todas esas memorias de los muertos a los vivos?

 

"Todo termina", dice la Abuela. "A veces eso no es lo mismo que morir."

 

Finalmente abandonan el acantilado, y se encuentran con el resto de la tribu, con Tae Jin a la cabeza.

El monje se preocupa por Naiva, que sonrojándose le indica que está bien. Ya les contarán la historia cuando estén a salvo de la estirpe de todos los dragones. Su historia será tallada en la roca por Fec, y no se perderá en el tiempo, al transmitirse entre los chamanes Temur de futuras generaciones. 

Tae Jin tiene que volver a seguir aprendiendo de su maestro, pero Naiva le convence para que se quede unos meses más, al menos para volver a narrar su historia y que Fec pueda tallarla y guardarla en más de un lugar. La memoria de los clanes no puede perderse. Tiene que trabajar juntos para poder salvarse. Es la única manera. Ese era el mensaje que tenía Ugin para ellos.

 

Porque en el Presente No Escrito, cualquier cosa puede llegar a pasar.

 

Muchísimas gracias por llegar hasta aquí. Han sido unas semanas de mucho esfuerzo para traeros estas historias, y esperamos que os hayan servido para seguir un poco mejor los acontecimientos que explican la rivalidad milenaria entre Ugin y Nicol Bolas, y que veremos resolverse en las tres colecciones que nos esperan en Ravnica.

 

 

Seguiremos leyéndonos por aquí y en las redes, ¡hasta pronto!

 

 

Nacho Sandoval

@NasanMagic

Etiquetas: Nicol Bolas, Magic Stories, Las Crónicas de Bolas, Lore